Algo que nos cuesta mucho a todos es escuchar la Palabra de Dios como lo hizo María en Betania, sentada a los pies de Jesús.
¿Quién puede habitar en tu casa? Si, el que no se olvida de la misericordia y la emplea con el prójimo, en lo pequeño, día a día, pero, sin olvidarse de escuchar la Palabra.
Si no escuchamos la Palabra no sabremos nunca que quiere Dios de nosotros, haremos muchas cosas como Marta, pero puede que nos falte la más importante.
Lo primero para agradar a Dios es escuchar su Palabra.
domingo, 22 de julio de 2007
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