Si hay un paisano de la parroquia que conoce a la gente ese es Salvador, el zapatero del barrio.
Siempre me recuerda que "como a uno le hagan daño los zapatos, eso pasará a la cabeza y luego al corazón, así que hay que preocuparse de los zapatos, porque si no la vida se hace muy dura".
Todo el que pasa por la zapatería de Salva se lleva siempre los zapatos en su punto, y una sonrisa franca, grande, amistosa de este zapatero que lleva muchos años sirviendo a sus vecinos con los zapatos que arregla.
jueves, 12 de julio de 2007
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