Sabina se fue como vivió sin hacer ruido. A sus 86 años y sin dar nada de guerra, con mucha paz se ha ido a la casa del Padre.
Ella era la encargada de la administracción de las Damas Catequistas y cumplía su misión con discreción y eficacia.
Desde pequeña quiso dedicarse a Dios, pero tuvo que esperar porque en su familia había pequeños pobremas, pero todo se arregló muy bien, y ella siguió su vocación con las Damas Catequistas.
martes, 21 de agosto de 2007
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